"Platero II": Madre no es la que pare sino la que cría -dicen-Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Yo podría empezar a escribir esta verídica historia del modo en que la inició Juan Ramón Jiménez en su “Platero y yo” y decir que “Platero II, el burriquito de mi hermana Carmen y de su esposo Marceliano, es peludo, suave, tan blando por fuera que se daría todo de algodón; pero no – esas palabras no son mías y así es como describe el poeta de Moguer al primero, refiriéndose al suyo- mas este otro, asimismo digno de especiales goces y glosas, tiene su encanto de niño que da besos…
“Platero II”, no debe llamarse “Platero” porque es de pelaje negro deslumbrante, con un lucero blanco en la frente y, todo él, pintado como la alegoría de una oscura noche de octubre en la que naciera, gracioso y fresco de tan puro, criado por el amor humano, endulza ahora su pena comiendo de las manos de sus amos todo aquello cuanto su boca alcanza… y se viene a éstos y a los trabajadores de la “Finca Tierra Nueva” cual hijo contento y agradecido…