Silvia subió a su coche después del trabajo, cansada y harta de demasiadas cosas. Si escrutara dentro de sí misma encontraría un sentimiento de decepción de esos que a uno le cuesta asimilar. La temperatura en el interior del coche se le antojaba infernal, así que accionó el aire acondicionado al máximo orientando el aire a su rostro. Emitió un suspiro de descanso y entonces pudo percibir el agotamiento de su mente. Decidió tomar una cápsula de su inseparable pequeño ayudante, el ansiolítico.
– Genial para el stress
Abrió la guantera y cogió el pequeño pastillero en el que guardaba la cápsula a buen recaudo, como un pequeño tesoro. Recordó la película “El Señor de los Anillos”. Casi pudo oír al golum decir … “mi tesoro”… y sonrió.
Tragó la pastilla sin dificultad, como todas aquellas cosas que el hábito convierte en actos instintivos y que a veces ni siquiera somos capaces de recordar una vez hechas.
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