Escribe Walter Pimienta.- Hoy domingo el barrio, por todas partes, es música. De pronto, la tristeza mañanera de cada uno se volvió coraje, fiesta y emoción y de la cantina de la esquina, la de José Santos, con alto volumen, en ritno de boleros y rancheras salen solemnes canciones de resentimiento, de frustración y de esperanzas.
La radio de la vecina, tampoco guarda silencio permitiendo el ataque auditivo de un pastor protestante que, apunto de ser canonizado, con voz estridente y desesperada, grita condenaciones, penas, tormentos y castigos infernales de los que el mismo Dios tiene miedo…
En el parque, otros exasperados, trabajadores de una fabrica donde se procesa el cuero, con megáfonos y pancartas, inician la protesta y en voz alta dejan saber sus angustias salariales.
-Dime si no tienen la razón- dice alguien.