*…Y Dios le dijo: “¡Sígueme!”Escrito por; Walter E. Pimienta Jiménez.- Empezaré por el final, empezaré diciendo que en atención y cumplimiento a la sabida costumbre de cómo morían antes en el mundo los papas, el recordado y querido padre Feliciano Hernández, además de vejez, quizás murió de hipo…
Al padre Hernández le gustaba usar, en medio del calor más ardiente venido del infierno y que algún día se apoderó del pueblo para no irse nunca, su sotana inmaculada de color blanco-blanco; blanco magnífico, como el blanco de su pelo, blanco de domingo día del Señor con la iglesia llena de feligreses…
Siempre vi al padre Hernández sentado en la silla sacerdotal del templo poseyendo aquella celestial actitud de santo viejo con la Biblia en las manos en su larga espera de ser beatificado pues tenía para ello a Dios en el corazón y ese aire angélico de profunda serenidad que deben tener los ángeles ancianos de la mayor sencillez en la tercera edad…