Por Abel Ros.- Esta semana, la Vega Baja del Segura – la tierra que me vio nacer – ha sido noticia a nivel mundial. Noticia, queridísimos lectores, por culpa de la DANA, el temporal que azota el levante español desde hace un par de días. Días en los que la investidura de Pedro Sánchez ha pasado a un segundo plano. Y días donde la UME ha sido la protagonista en los sumarios de la mañana. Hoy, a diferencia de hace treinta años, las catástrofes climatológicas son más llevaderas. Y lo son, como les digo, porque la interconexión a través de los móviles y las redes sociales hace que el grito de socorro sea más oído. Me contaba Peter que, en la riada del ochenta y siete, la función de la radio fue clave para la coordinación de los equipos de emergencias. Recuerdo que la emisora de mi pueblo – Radio Callosa – emitió, durante veinticuatro horas seguidas, un especial "inundaciones". Gracias a esa emisión supimos el paradero de José, Manolo y decenas de vecinos. Vecinos que, tras la jornada laboral, quedaron atrapados en los coches de la época.
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