Por Conrado Granado - De esa generación en la que a estas alturas unos peinamos canas, otros están calvos como bolas de billar y los más atrevidos se hacen la raya por debajo de la oreja intentando colocar los cuatros pelos que les quedan.
Porque Marisol, la simpar Marisol, la Pepa Flores ahora retirada del celuloide y del mundo de la farándula reinó con luz propia en la década de los sesenta, convirtiéndose en la musa de todos nosotros, en la novia que todos deseábamos aunque, eso sí, todos nos quedamos con las ganas.
La cosa viene a cuento porque El País Semanal se ha encargado esta semana de recordarnos la vida y milagros de una artista que fuera la niña prodigio en aquellos años en la que tantos éramos jóvenes.
Un tiempo en que las películas se hacían a mejor lucimiento de los artistas del momento. Así, se harían películas para el lanzamiento y descubrimiento de la susodicha, como Marisol rumbo a Río, Tómbola, Ha llegado un ángel, Un rayo de luz, y tantas otras. La niña hacía sus gorgoritos como mejor podía, con su gracejo andaluz, su saber estar ante la cámara, su buen dar en la pantalla y, lo que es más importante, la suculenta recaudación en taquilla.
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