Indudablemente Eva a sus 28 años no se trataba precisamente de una mujer agraciada físicamente, más bien todo lo contrario.Las humillaciones e insultos que recibía por parte del resto de los niños y las miradas descaradas que percibía de los adultos, le hicieron vivir una niñez y adolescencia que podía definir cómo un verdadero infierno.
Sus pequeños ojos se perdían en una inmensa cara redonda donde el mayor protagonismo se lo llevaba su perfilada nariz, para colmo su estatura se encontraba por debajo de la media considerada como estándar. Lo único que nunca le faltó fue el enorme amor que siempre le demostraron sus padres y hermanos, siempre mostrando numerosos gestos de cariño e intentando convencerla de que su belleza interior era un verdadero regalo divino.
Ella siempre agradeció estos impagables actos de afecto y apoyo aunque en el fondo no la reconfortaba y simplemente se limitaba a disimular para no defraudarlos.