
Por muchas vueltas que nos demos por el exterior de nosotros mismos, nos podemos dar cuenta de que la paz es una palabra tan pequeña, pero que nos viene tan grande que no nos permite darle muchas vueltas. Pero ahora, después de haberle dado la vuelta al año pasado, que tan largo se nos hizo, hemos llegado a este treinta de enero en que le dedicamos sus veinticuatro horas, que son nuestras también, para nuestras actividades del Día Escolar de la No Violencia y la Paz.
No es una alegría que esta efemérides nos coja otra vez con el paso cambiado y por eso nos gusta insistir en que el Día de la Paz no debe reducirse a un aldabonazo sobre este tema solamente un día al año. La Paz es una construcción mayúscula, una creatividad humana que necesita de todos y que nos compromete todos los días del año. “Cada día tiene su afán”, pero no puede distraernos de la atención que debemos prestarle al tema de la Paz.
Si la humanidad ha tardado miles y miles de años en desarrollar la violencia, porque está estudiado que nuestra supervivencia estaba totalmente dependiente de la colaboración y del apoyo mutuo durante la mayor parte de la prehistoria, no podemos estar muy orgullosos de la invención, prácticamente “moderna”, de la tan trágica ley del más fuerte. Todavía hay, actualmente, seres humanos que basan su convivencia en la solidaridad y no en la competitividad, aunque poco sabiamente los tildemos de salvajes. Son ellos los que se han mantenido alejados de tanta civilización que nos tiene más que colonizados a la mayoría.