Juan de Dios Ramírez-Heredia.- Últimamente se están produciendo en España reclusiones en centros de acogida de niños y niñas gitanos ordenados por las autoridades del lugar. Yo mismo he tenido que intervenir ante los responsables de alguna Dirección General de la Infancia para reclamar la entrega de sus hijos a padres desconsolados que han visto como la policía, cumpliendo órdenes de funcionarios con alma de piedra, han cogido a los niños y se los han llevado a alguna institución de acogida.
Sé muy bien que este comentario no encontrará la amable acogida que, por lo general, generan mis escritos. Y hasta cierto punto puedo entenderlo cuando quienes justifican esas decisiones de las autoridades suelen decir que les quitan los hijos a los padres para proteger «el bien de los niños». Pero eso no siempre es verdad. Es más, me atrevo a asegurar que en un muy elevado porcentaje estas criaturas pertenecen a familias donde la pobreza es su signo de vida.
Arrancar a los hijos del lado de sus padres o de sus abuelos es una acción inhumana. Por más que objetivamente el comportamiento de sus progenitores pudiera ser delictivo. Trataré de explicarlo.