
Hoy celebramos 30 años de protección de la Antártida, la última frontera de nuestro planeta y uno de los pocos ecosistemas que permanece prácticamente intacto por el ser humano.
Hasta 20 millones de pingüinos anidan, bucean y buscan alimento en este vasto continente de hielo. Las ballenas migran miles de kilómetros para alimentarse de krill en sus aguas gélidas. Incluso hoy en día, seguimos descubriendo nuevas especies en las profundidades del océano Antártico.
Pero debajo del hielo, hay algo más: petróleo. Cientos de miles de millones de barriles. Por eso en la década de los 80, los gobiernos y las empresas quisieron repartirse la Antártida y empezar a buscar crudo, a pesar de que un solo vertido podría devastar la zona.
Teníamos que actuar. Sabíamos que los gobiernos sólo podrían reclamar la Antártida si construían una base allí. Así que, para ganarnos un lugar en la mesa de negociaciones del tratado Antártico, establecimos nuestra propia base.
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