
Este 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, no podemos callar ni quedarnos en casa. Todas las discriminaciones y violencias que nos ahogan cada día se han agravado enormemente con la pandemia. Vivimos una situación de emergencia sanitaria, social y de derechos, que el capitalismo y el patriarcado nos quieren hacer pagar doblemente, como mujeres y como trabajadoras.
No es casual ni "natural" que las mujeres seamos mayoría en los trabajos que, ahora más que nunca, se han demostrado esenciales: trabajadoras del hogar, gerocultoras, auxiliares, enfermeras, cajeras, trabajadoras de la limpieza, jornaleras, trabajadoras de los servicios sociales y de la educación. El trabajo por la vida tiene nombre de mujer. Y la precariedad también.
Las mujeres nos dejamos la piel cada día en la primera línea y también somos las más golpeadas por una crisis económica que viene de lejos y que se agrava: más paro (representamos el 39% de la fuerza de trabajo y somos el 54% de quienes han perdido el trabajo), más precariedad (más subcontratación, más trabajo temporal y jornadas a tiempo parcial, más trabajo clandestino), discriminación salarial (22,2% en Catalunya) y en las pensiones (con una brecha de hasta el 35% según la Seguridad Social). Además, las tareas de cuidados y del hogar, aumentadas por el teletrabajo, continúan cayendo mayoritariamente sobre nuestras espaldas, por la falta de servicios públicos para atender a nuestras criaturas, nuestros mayores y nuestras personas enfermas.