Solo una cosa es mejor que hacer nuevas amistades, conservar las viejas…(Car Alcántar).Escribe; Walter Pimienta.- La corte” se reunía en la esquina de la casa del viejo Eulogio de 4:00 a 5:30 de la tarde, ni antes ni después. Iban llegando uno por uno. Habían recogido suficientes temas durante el día y tendrían, como de costumbre, mucho, pero mucho de qué hablar; hasta que el hambre les apretara y así, tal que vinieron se marchaban a sus casas en busca de algo que cenar. Este era, de lunes a viernes, el destino vespertino de Carlos Arturo, Ildefonso, Armando, Simón, Cristóbal, Modesto Hernández, Anastasio y Casimiro.
Siempre tenían un asunto importante que conversar.
Cruzaban la calle, se sentaban en el sardinel y el mundo les pertenecía.
Nunca la reunión de “la corte” se hacía con solo dos de sus miembros. El primero en llegar se daba su tiempo y, al rato, se presentaban “los faltantes magistrados”. Mentalmente se escrutaban y comprobando el cuórum, de soslayo y con lentitud desgranaban el primer motivo: el del tiempo y las lluvias; y con voz sufriente, los que eran campesinos, se referían a sus maticas de maíz recién nacidas siendo pasto de los voraces gusanos. En tanto Modesto, desde la comodidad de su adecuada sentada, se volvía a amarrar los cantos de sus abarcas de cuero haciéndoles un nudo perpetuo que le salía de la memoria.