Escribe; Walter Pimienta.- Cuando enviar una carta era una excelente manera de trasladarse a otra parte sin mover nada, salvo el corazón (Parodiando a Petronio)
Hasta el siglo XX, las cartas familiares eran el habitual medio de comunicación para establecer contacto con los demás…La práctica hoy agoniza…
Para entonces, los pueblos y ciudades quedaban lejos, muy lejos… En un caso de novela, por ejemplo, un mes y medio dura en llegar la última carta que desde el Valle del Cauca, “Hacienda El Paraíso”, envían a Londres los familiares de Efraín para informarle que María, su amor, había muerto.
El despegue del correo aéreo y estampillado, se vivió en el siglo XVIII, época en que la correspondencia escrita alcanza categoría literaria con cartas de amor y de amistad que eran todo un arte. Era también aquel, el tiempo de los decorativos buzones frente a los jardines y puertas de las palaciegas casas. El mismo tiempo del cartero que en bicicleta (ya estas existían desde 1817), vestido de azul, con quepis del mismo color, de maletín a cada lado y pito sonoro anunciando su llegada, entregaba la esperada misiva en el agite de un perro que le ladraba al verlo montado en su armatoste.
Qué romántica era aquella estampa.