Si te van a dar cena, no escatimes la merienda…Escribe Walter Pimienta.- SENTÍ MUCHA TRISTEZA, ese día, mi amigo y compañero de pupitre escolar del segundo año de escuela primaria, no trajo merienda. Conversaba conmigo mirando la bolsa de papel en que yo tenía una arepa y una empañada de maiz-maiz y, por aparte, cuidando que no se me partiera, un envase de gaseosa “Postobón”, lleno de chicha de millo de la que me regalaba Ernestina, la de José del Carmen, cuando yo le compraba bollos… Nadie usaba lonchera. Eso no existía en tal tiempo. Él, mi compañero, a veces lleva cerezas y corralero de monte; mangos, mamones, guayabas o las frutas que estuvieran de cosecha. Sacaba de su mochila un pedazo de panela envuelto en papel de tienda y era constante su peregrinar por este y eran varios los mordiscos que le daba aprovechando cuando la seño Ruth Lechuga nos daba la espalda para escribir algo en el tablero.
-Qué desayúnate?- le preguntó en voz baja Chema, a Heriberto el de Emiliano-
-Un huevo de pava frito, café de leche y pan de sal- le respondió.