Los fotógrafos de antes sabían que el tiempo es oro, por eso lo capturaron…
Escribe Walter Pimienta.- Era un género único hacia los nostálgicos años sesenta al setenta. No requería de alfombrado estudio, tampoco de luces graduadas, ni de modernos reflectores, ni de maquillajes ostentosos. Uno salía en ellas, como informalmente salía a la calle: de ciudadano de a pie. Te la tomaban cortándote el paso, con o sin prevención ni autorización; te daban un papelito numerado para el reclamo y, procesada esta, en una cartelera esquinera, junto con cualquier cantidad de otras , por varios días estaba tu foto callejera exhibida al pueblo, quedando a tu criterio si la reclamabas pagando por ello o si te daba igual no pedirla.
-Pedro, si supieras, te vi en una foto en el centro…y, uyyy uy uyy…ibas de bracete con una chica que no es precisamente tu novia…Te pillaron o te dejaste pillar…¿Qué tal si la otra la ve o alguien la saca y se la da a ella? Después no digas que no te avisé- era la casual charla entre conocidos referente al dudoso caso.