
Leíamos el otro día en la prensa una interesante noticia acerca de la disminución global de la fertilidad en el mundo (1). Afirma el estudio en que se basa la noticia que "...aproximadamente 1 de cada 6 personas, sufre infertilidad, según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS)..."
Éstos datos no nos sorprenden porque ya hace tiempo que se viene detectando este problema y se sabe que la concentración de espermatozoides se ha reducido a la mitad en el último medio siglo (2), pero lo que llama la atención en este aviso de la OMS son las sorprendentes soluciones que plantea como recomendación para abordar esta disminución de la fertilidad generalizada: la "urgente necesidad de aumentar el acceso a una atención de la fertilidad asequible y de alta calidad para quienes la necesitan".
Pero es que el problema no es la presumible disminución de la población
mundial que parecería estar por detrás de este asunto (y que por cierto
se ha duplicado en el mismo periodo de tiempo en el que la concentración
de espermatozoides se ha reducido a la mitad) sino las causas que están
detrás de esta bajada de fertilidad en las que nadie parece fijarse.
Veamos