Escribe Walter Pimienta Jiménez.- Ahí está la pared, recargada de carteles. Alguien pasó y rasgó uno parcialmente pagado días atrás como si hubiese querido con su acción, hacer callar lo que este decía. Cartel y pared, pared y cartel, son otro decir de la ciudad, otra voz. El cartel de la llegada de un circo, el cartel del partido de fútbol profesional, el cartel de la corrida de toros, el del colegio anunciando apertura de matrículas para el otro año, el de la verbena de un barrio, el del bar con sus mujeres y sus luces y su música y otras cosas (¿?)…, el del político pidiendo votos, el del almacén y sus ofertas, el de quien vende una casa, el de la huelga del banco, el de la presentación de un cantante al que no se le va el gallo; el de la compañía de teatro estrenando una vieja obra, el del curso para aprender inglés en quince días, el de se arrienda una pensión sin mascota, el de la guardería para perros, el de vacúnese contra el COVID, el d Gloria al Concejo con su foto, el de afíliate ya a tui nueva EPS por 80 mil pesos mensuales, el del “Mero Macho” para que seas un toro, el del muerto de ayer y el del muerto de hoy…. y pare de contar… Es la vida cotidiana contada en letras fugaces para transeúntes que caminan lugares, como dice Piero.