
El mercado de la vivienda y el de alquileres y compraventa no está pasando su mejor momento. Al contrario, se contratan menos hipotecas en España, por la subida del precio de los pisos nuevos y de segunda mano. En relación con los alquileres mucha gente se retrae también y es entendible. Existe la posibilidad de compartir piso para muchos jóvenes europeos y también a nivel mundial. Aunque desde el aspecto de la convivencia, puede plantear problemas en bastantes casos. Es lógico que cada persona, independientemente de su edad, quiera privacidad e intimidad, y esto no es posible en muchas situaciones. Respecto a los pisos diminutos pueden producir ansiedad y depresión a los inquilinos o compradores que viven en ellos, según confirman los psicólogos o especialistas en conducta.
Se entiende sin muchas explicaciones, que pisos de 20 o 25 metros cuadrados, aunque sean para una persona, son insuficientes para llevar una vida agradable y normal, por una falta espantosa de espacio vital. El derecho a la vivienda está reconocido en la Constitución española y en los Derechos Humanos y se comprende también que deben tener una extensión mínima suficiente, por cuestiones de salud mental y física. El sistema legal y las inspecciones deberían servir para que todos los pisos que se construyen, en cualquier parte del territorio nacional, sean realmente habitables con dignidad, lo que presupone un espacio básico irrenunciable. Da igual que la publicidad adorne lo escasez terrible de espacio, con una supuesta belleza del inmueble, no es suficiente y eso no engaña a nadie con sentido común.