
"No sólo a los hombres, sino también a las cosas, hay que quitarles su máscara y devolverles su aspecto real". Lucio Anneo Séneca
El esperpento pseudogolpista escenificado en Rusia por los mercenarios de Wagner escondía de seguro diversos objetivos. El primero reforzar a Putin como macho alfa garante del orden. El segundo hacer que saltasen las liebres desafectas con el genocida dictador Putin, las cuales se han puesto en evidencia con su laxitud o indiferencia a la hora de pronunciarse a favor o en contra de la 'maskirovka'. Tercero, organizar una guardia pretoriana de sicarios en Bielorrusia, que consoliden al sanguinario tirano Lukashenko y su próxima sucesión, dada su provecta edad. Y cuarto, del mismo modo que se han trasladado armas atómicas a ese Estado-tapón del Este, tanto para ofrecer seguridad a los silos nucleares, como para distraer soldados y recursos ucranianos a la frontera norte de la Nación del Dniéper. Un contingente de Wagner, u otra denominación de los 'hombrecillos verdes', con la excusa de la seguridad de su cabecilla Prigozhin, permanerán acantonados entre Minsk y Kiev, cual suerte de espada de Damocles intimidatoria.