Escribir es la mejor manera de leer la vida Escribe Walter Pimienta J.- Sumergido entre pliegos de papel y un montón de notas subrayadas, sin organizar las páginas que formaban un grueso paquete, cotejándolas con golpes suaves sobre su mesa de trabajo y así estas emparejaran en armonía, Gabriel era el propio testimonio de su obra escrita durante 18 meses dedicando en ello, frente a su Smith-Corona modelo 1957, 6 horas diarias sin renunciar un solo día a su trabajo.
En su desordenado rincón de escritor, silencioso, Gabriel estuvo atrapado en la frontera de las cuatro paredes de su estudio con la cabeza llena de los acontecimientos del mundo ficticio que inventó en la concurrencia hechos inexistentes pero extraordinariamente reales. Y de allí, indeciso, salió dudando de si en verdad había terminado y con cara de no saber de nada. Estaba ojeroso, pálido por la falta de sol y cabellón. Tenía sueño retrasado y, por un instante, perdió la orientación estando en su misma casa.
En la ausencia de sus domesticidades, Gabriel encontró el jardín florecido en azaleas.
Era primavera.
Gabriel recordaba episodios de lo escrito y quería devolverse para agregar un capítulo más; pero consciente de su propia fuga, olvidándose de todo, guardó las hojas en una vitrina, Buscaría el sol del atardecer y el aire oloroso a pino que le rondaba. Lo acompañaban su mujer y sus hijos y, a estos, mirándolos uno por uno, les dijo: